“Todavía no sabemos si el hombre desciende de un chimpancé o de un poderoso gorila” Con estas palabras se despachaba a gusto uno de los progenitores de la selección natural, no sabemos si antes de observar el comportamiento de ciertos macacos con el habitual de los humanos, a los que sin duda también observó a lo largo de su dilatada vida como “teólogo” naturalista, o después de haber encontrado aproximaciones evidentes con algunos de aquellos comportamientos irracionales. 
Sea como fuere deberíamos reconocer la importancia de su tésis, aunque en la actualidad nadie se apoye en sus conclusiones para seguir manteniendo una teoría de la evolución, llamada hoy sintética. Y es que entre la teoría de la evolución de los monos y la teoría de la evolución de los “memos” no hay grandes diferencias los primeros actúan desde la animalidad, los segundos…también pero más. Solo que, estos, además, ejercen desde la irracionalidad haciendo alarde notorio de ella hasta el ridículo moral.
Y es que ya D’Israeli desvelaría el misterio de este comportamiento irracional que es el antisemitismo cuando respondía en el Parlamento Inglés a uno de esos “memos” imperfectamente evolucionados: “Señor; mientras mis antepasados estaban escribiendo la Torah, los suyos estaban saltando de árbol en árbol”.
Por esta causa da igual de donde procedan las actitudes judeofóbicas y antisemitas, pues ya sean desde la derecha oscura o de la izquierda que tanta hiprogresia exuda, el antisemita que odia a los judíos solo por ser judíos amparándose, eso si, en viejos mitos convenientemente renovados para tal fin como excusas disfrazadas, no es, de acuerdo al diagnóstico de los más importantes psiquiatras (cuyos estudios y conclusiones son además de contundentes, irrefutables) el antisemita no es sino un completo enfermo mental.
Ahí quedan, y ahí quedarán, amontonados entre los escombros ruinosos de la historia olvidados para siempre por el motivo de sus infamias y el caracter enteco de sus almas. Incapaces de unir dos pensamientos lógicos, mucho menos de razonar inteligentemente, urden sus mentiras en el interior de sus alborotadas mentes para escupirlas luego disfrazadas de “progresía” cuando no son otra cosa que los relinchos ciegos de la soberbia más necia. La evolución se olvidó de ellos y dejó al azar la estructuración del interior del cráneo, formando callosidades amorfas allí donde debería haber surgido un cerebro digno de un ser humano.
Es inevitable, tal vez el resultado de esa lucha por la vida que afirmara Darwin, pues de la misma forma que el homo sapiens tuvo que compartir espacio con el neanderthal, los judíos deben compartir espacio con sus particulares cercopitecos. Pero como dicen los fervientes devotos de la teoría, “la evolución es un hecho”, luego solo nos queda esperar, al final los cercopitecos pasarán a ser una especie extinta, sin duda.
“¿Es el hombre un mono o un angel?, yo, señores, estoy del lado de los ángeles.” Benjamin D’Israeli
Rafael T.Pérez
Origen 06 Febrero 2006