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Crímenes de guerra y crímenes de propaganda

Noviembre 11, 2009

Israel nunca matará a tantos inocentes como los que liquidaron los ejércitos de Europa.
¿Quiénes son ellos, pues, para darnos lecciones de moral?

“Conquistaremos Roma y después toda Europa. Cuando acabemos con Europa, conquistaremos las Américas y no nos olvidaremos, tampoco, de la Europa oriental.” Este orador sediento de territorios prosiguió diciendo que había que aniquilar a todos los judíos. Suena como Hitler, recuerda a Hitler, pero esas palabras las dijo el Dr. Yunis al-Astal, diputado del Hamás en el parlamento palestino.

El Dr. Al-Astal y otros dirigentes del Hamás no tratan de ocultar sus ideas sobre el exterminio de los judíos y la dominación mundial por el Islam radical. Su discurso fue difundido por la televisión del Hamás y puede verlo quien quiera conocer la verdadera naturaleza del Hamás en las páginas web de MEMRI, PMW y otras, en inglés, en hebreo y en otros idomas.
También la OTAN comete errores. Los refugiados creían estar a salvo, pero se equivocaron.
El ataque aéreo no los pasó por alto. Murieron más de 100. Ésta no es la trágica historia del bombardeo de una escuela en Gaza, sino del bombardeo de Korisa en la ex Yugoeslavia.

El ataque fue perpetrado por aviones de la OTAN. Eso ocurrió hace menos de diez años, el 13 de mayo de 1999.
No es todo: el 12 de abril, aviones de la OTAN mataron, accidentalmente por supuesto, a doce civiles; el 14 de abril mataron a 70 refugiados; el 27 de abril fueron muertos otros16 civiles; el 1 de mayo, murieron 23 en un ataque contra un autobús, el 6 de mayo una bomba de racimo mató a 16; el 19 de mayo fue bombardeado un hospital de Belgrado y tres civiles murieron; el 30 de mayo murieron 11 al ser atacado un puente; el mismo día fue bombardeado un hogar de ancianos con un saldo de 20 muertos.

Al día siguiente murieron once más. Por las mismas fechas la embajada de China sufrió un bombardeo y un mísil se desvió de su curso unos 50 kilómetros, alcanzando Sofía, la capital de Bulgaria. “Fue un error, lo lamentamos”, respondió cada vez el portavoz de la OTAN. Eso es lo que sucede en una guerra. Es triste, es lamentable, pero los europeos bien harían en mirar atrás, no a un pasado ya lejano, al bombardeo de Dresden, sino al más reciente, antes de apuntar un dedo acusador hacia Israel, porque Israel no ha alcanzado ni alcanzará ni la centésima parte del número de inocentes muertos en guerras justas de las democracias europeas.

Israel no tiene que disculparse ante Europa.

¿Ha cambiado Europa?
A continuación una cita de un informe del Secretario General de la ONU: “De los 8000 muertos en Afganistán en 2007, 1500 eran civiles”. De esos 1500, entre la mitad y los dos tercios fueron muertos por sus hermanos los talibanes. El resto murieron en diversos bombardeos, parte de ellos de los ejércitos europeos que operan en la región bajo la égida de la OTAN. Hay expertos que afirman que las cifras reales son mucho mayores. En 2008 la situación se agravó y el número de muertos aumentó en muchos millares.
De hecho, los ejércitos europeos están matando civiles cada semana, alegando que en la pugna contra los talibanes es inevitable. Los israelíes no les debemos explicaciones a los europeos, son ellos los que nos las deben.

Los talibanes no han disparado cohetes contra ninguna ciudad europea, en tanto que el Hamás sí los dispara contra Israel. Los talibanes no proclaman que quieren matar a todos los europeos, mientras que el Hamás aboga por la matanza de judíos en su estatutos y en las prédicas de sus líderes. Sin embargo, los europeos siguen luchando en Afganistán, aunque sólo sea para destruir una rama más del Islam fanático.

Igual que Israel contra el Hamás. Ahora bien, la amenaza que el Hamás representa para Israel es mucho mayor que la del Talibán para Europa. ¿Por qué, entonces, pueden permitirse los europeos llevar a cabo una guerra en una tierra que dista miles de kilómetros de sus hogares, matando cientos o miles de civiles inocentes y proclamando al mismo tiempo que su causa es justa, pero Israel no puede hacerlo? ¿Qué hipocresía es ésta? Cada año mueren miles de combatientes del Talibán, frente a unas pocas docenas de soldados europeos. Cientos de miles de civiles han muerto en Afganistán, contra ninguno en Europa. Y con todo, ustedes los europeos ¿quieren darnos lecciones sobre ética bélica y “respuesta proporcionada”? ¿Hablan en serio?

¿El Líbano sí, Israel no?
En mayo de 2007 estalló un conflicto entre el ejército libanés y un grupúsculo, Fatah-al-Islam, del campo de refugiados Nahr-al-Bared en el Líbano. Ese grupo es una célula cancerosa más del movimiento del Yihad Global. El ejército libanés no quiso enzarzarse en una guerrilla urbana. Simplemente bombardeó y destruyó edificios de una forma que Israel habría considerado inconcebible. El número oficial de bajas del ejército libanés fue de 168; en el campo hubo más de 300 muertos. Algunos eran militantes, otros civiles. Murieron además seis soldados de la FINUL y dos trabajadores de la Cruz Roja.

El campo de refugiados quedó en ruinas. De sus 40.000 habitantes, 33.000 quedaron sin hogar. Los soldados libaneses no quisieron correr riesgos inútiles. El número de combatientes a los que se enfrentaron era sin duda menor que los 16.000 terroristas de Hamás ocultos en túneles. Si el ejército libanés hubiera tenido que hacer frente a estos últimos, no habría quedado en Gaza una sola casa en pie, toda la Franja de Gaza habría sido borrada del mapa. Cuando el Líbano se ocupó así de ese retoño de la amenaza del islamismo radical, recibió alabanzas del mundo libre y del mundo árabe por igual. Para ello utilizó medios que Israel ni soñaría en emplear.

La mayoría de las bajas fueron civiles inocentes. Las horribles imágenes de muerte y destrucción, que puede obtener quien tenga interés en ello, no provocaron protestas en masa en Londres y París. Al contrario, se aplaudió al Líbano. Los árabes tienen derecho a “cuidarse” de los árabes.
¿Por qué se permite al Líbano utilizar medidas brutales para erradicar este brote islámico radical? ¿Por qué puede Europa cruzar medio mundo para ir a matar millares de combatientes y civiles en nombre de la misma causa anti-Yihad?

¿Y por qué Israel no puede hacer los mismo, a pesar de que se enfrenta a un peligro mayor?

La importancia de la pequeña pantalla
En la lucha entre Israel y el Hamás, no puede haber victoria sin legitimidad. Israel no es Rusia en Chechenia, ni la OTAN combatiendo al Talibán o los libaneses arrasando todo un campo de refugiados y recibiendo aplausos por ello. Israel necesita apoyo. Israel puede obtenerlo sólo con la verdad. Los órganos oficiales de Israel están tratando de hacer comprender al mundo que el Hamás es una organización antisemita que exhorta a exterminar los judíos; que el Hamás ambiciona conquistar el mundo y que la “respuesta proporcionada” es un disparate acabado que Europa nunca aplicó en sus conflictos del pasado o del presente; que el Hamás es peor que el Talibán; que los daños causados por Israel a civiles no involucrados, por trágicos que sean, son menores que los causados por Europa.

La reticencia mundial a aceptar este mensaje ha reducido el apoyo otorgado a Israel durante los primeros días de la guerra. Eso no es culpa de Israel. Si el Hamás gana la guerra de la propaganda, quien perderá será todo el mundo libre. No podemos permitirnos perder.

La verdad debe prevalecer.

Autor: Ben-Dror Yemini

Gaza, ¿peor que una cárcel?

Junio 23, 2009

Cuando ocurrió el fatídico 11 M en España, el partido más judeofobo y abiertamente antisemita de ese país, el PSOE, musulmanes_alegrandose_por_atentadoscon Rubalcaba a la cabeza (Rub-Al-Kaba, según algunos) se llenaron la boca diciendo a los españoles que estos ” merecían un gobierno que no les mintiera” para acabar siendo el gobierno más estrafalario, retorcido, mentiroso y trapacero de cuantos ha habido en España. Miente el gobierno de Zapatero hasta cuando no dicen la verdad, que ya es difícil.

Por eso no es de extrañar que fuera de España, los representantes de los gobiernos europeos, aún los que son de su propia ideología, consideren a ZP un capullo y con la actual crisis encima, hasta el BCE observe aterrado el destino al que ese gobierno, que dijo aquello de “los españoles se merecen un gobierno que no les mienta” les lleva.

Que España es el país más rabiosamente antisemita está demostrado por los análisis efectuados por la propia Comisión Europea, que además desde el gobierno se aliente ese antisemitismo, lo saben bien quienes viven a diario en todas y cada una de las ciudades donde el PSOE es el dueño y señor de las tierras. Que a río revuelto, ganancia de pescadores, es la reacción lógica en un país donde las raíces del odio a los judíos se hunden en la historia.
Hoy ser “progre” es, además de ser de izquierdas, también ser antisemita…perdón, hoy toca ser antisionista que queda más guay.

Así no sorprende que el diario del gobierno, El País, abra de par en par las puertas ya no a los críticos con la política israelí, sino a los judeofobos confesos que, si son amantes del islam el cóctel resultante es más que obvio.
Dice un tal Ignacio Álvarez-Ossorio que Gaza es peor que una cárcel aunque ya suponemos que no habrá estado ni en una ni en otra para saber cuál es la diferencia, y aún podemos asegurar que por no estar, no habrá estado ni en Sderot ni en Ashkelon para poder comparar y poder determinar con exactitud el por qué razón una lechuga es menos importante que la vida. ¿Por qué motivo Gaza no levanta cabeza? ah y la progresía mundial rápidamente se pondrá a gritar que por culpa de los asentamientos judíos, por culpa de Israel, por culpa del presidente de turno, por culpa de la política restrictiva de Israel, por culpa del Tzahal, por culpa de los controles judíos, por culpa de Einstein y en definitiva, para acabar asumiendo las tesis islámicas de que los judíos deben de desaparecer de la faz de la tierra…¿y no llaman nazi a Israel? porque esa ideología tan odiosamente antisemita y tan mentirosamente compulsiva resulta ser la misma propaganda que soltaban Goebbels y compañía.

Claro, esto nos recuerda a cuando Yaakov en medio de una pelea en la que el otro tipo va perdiendo, este le dice: Tu ya no eres Yaakov, tu ya no eres la víctima, tu eres Israel.
Que malos y perversos somos los judíos que no renunciamos a defendernos y nos negamos a aceptar el destino que muchos nos desean.

No obstante ¿no han observado que falta algo en esa lista de culpabilidades, de errores, de causas y efectos? efectivamente, ni una sola mención, y nunca lo mencionan los que odian al pueblo judío, y del artículo de El País se destila un odio sin tapujos, ni una sola mención al terrorismo islámico de la parte palestina. Ni una sola mención a que si nada funciona en Gaza es más por el hecho de que Hamas ha desviado las enormes aportaciones árabes y europeas a fortalecer su organización de terror antes que a dar de comer al pueblo. Lamentable apoyo a una causa con muchos efectos y muy poca o ninguna razón.

Por otra parte el recurso al hambre…solo falta añadir a todo ese argumento no solo que Gaza es una cárcel, sino que la población de Gaza es igual a la zona más deprimida de África donde sus habitantes son esqueletos humanos por falta de “paquetes de arroz”, aunque no lo dudemos, del hambre de África también tiene la culpa Israel por su política de “colonización”, estos amigos del islam tienen el seso revuelto.Y expresa la siguiente cuestión, presuntamente planteada por un congresista norteamericano que recientemente visitó la Franja de Gaza se preguntó con sarcasmo: “¿Han estallado últimamente bombas de lentejas? ¿Van a matarle a usted con un macarrón?“. Hombre señor congresista norteamericano (o señor ossorio) una ideología que tiene secuestrada a todo un pueblo y que es capaz de enviar a niños a explotarse en medio de una fiesta, bus, cine, teatro, cafetería o restaurante, calle o plaza, aunque al señor ossorio le importe poco o nada que las víctimas sean judías, una ideología que es capaz de matar a sus propios niños (los oscuros siglos del dios moloc) es capaz de cualquier cosa, ¿se puede caer más bajo en el nivel evolutivo? porque utilizar a sus propios niños no solo como escudos sino como verdaderas bombas humanas grita clara y contundentemente que ni usted ni ningún antisemita furibundo está en posesión de la razón.
Tan cierto como reza el dicho que cuando el filosofo señala a la luna, el tonto solo se fija en el dedo.

Finalmente como el señor ossorio afirma y de acuerdo al criterio de organizaciones no gubernamentales inglesas, generalmente interesadas, “la paz no se alcanzará encerrando a un millón y medio de personas en una prisión de pobreza y miseria“. Error, esta afirmación no es correcta, la paz no se alcanzó, ni es actualmente alcanzable, ni se alcanzará, mientras una de las partes solo mantenga como único y exclusivo argumento el deseo de aniquilar a la otra parte, y nadie en su sano juicio ignora que ese deseo de aniquilación total, solo ha venido de la parte palestina y de su par iraní. Que con un poco de suerte el día que caiga el sátrapa persa hasta el mundo musulmán respirará aliviado.

Aunque ya podemos suponer que el día en que Israel y el mundo árabe firmen la paz, y llegará, que nadie lo dude, ese día a los antisemitas del mundo les dará un soponcio. De lo cual todos los judíos del mundo nos alegraremos profundamente, y hasta pueden estar completamente seguros de que no vamos a parar de reírnos.

Se busca buena gente para construir un mundo

Rafael T.Perez
23 Junio 2009
http://www.kolisraelorg.net/

LA INFECUNDA MANSEDUMBRE

Septiembre 19, 2008

De la obsecuencia ante el odio, y de su inutilidad
Por Gustavo Perednik

Cuando Israel cumplió medio siglo, el Secretario General del Hezbolá, Hasán Nasrallah, transmitió al mundo un diáfano quejido por «la catástrofe histórica del establecimiento en la tierra de Palestina del Estado de los nietos de monos y cerdos».

En efecto, la equiparación de judíos con animales es frecuente no sólo en la literatura nazi, sino también en el actual mundo árabe-musulmán, que a veces busca su fundamento en tres suras del Corán (2:65, 5:60, y 7:166), según las cuales Alá habría penado a los judíos transformándolos en bestias.

El insulto es transmitido también desde Indonesia, donde la radio Al-Manar difunde la plataforma del Hezbolá. En agosto pasado, miles de australianos escucharon en dicha radio la letanía de que «los judíos son descendientes de cerdos», por lo que se pidió una aclaración de parte del presidente del Consejo Árabe-Australiano, Roland Jabbour.

Podía esperarse que este dirigente condenara inequívocamente la invectiva racista, ya que, dentro de la Comisión de Derechos Humanos e Igualdad de Oportunidades del gobierno australiano, es miembro del Comité de Antirracismo. Pero Jabbour optó por justificar la agresión. En un reportaje al diario The Age (22 de agosto de 2008), insistió en que la chanchada es legítima, que la culpable es la política israelí, y que por ello tampoco hay que objetar que rabinos sean presentados como asesinos de niños cristianos, sedientos de sangre infantil para sus ritos pascuales. A la fiereza de sus declaraciones, Jabbour agregó una defensa de «la libertad de expresión», siempre y cuando, huelga aclararlo, ésta no ofenda al Islam

La equiparación entre judíos y cerdos no es condenada en la prensa europea, aunque es reiterada por líderes árabes. La pregonan en sus mezquitas jeques como Saíd Tantawi, de Al-Azhar, y el saudí Abd Al-Rahman Al-Sudais, imán de Al-Haraam, la principal mezquita de La Meca.

Sudais pidió «que Alá aniquile a los israelitas», y exhortó a los árabes para que «abandonen sus iniciativas de paz con los judíos, porque son la escoria de la raza humana, las ratas del mundo, violadores de pactos, asesinos de profetas y descendientes de monos y cerdos».

Esta «opinión» no impidió que, en aras de una supuesta armonía interreligiosa, el rabino inglés Jonathan Sacks asistiera al sermón que Sudais pronunció en la mezquita del East London, en junio de 2004.

El profesor Mordejai Nisán, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en su libro Las minorías en Oriente Medio (2002), denomina al fenómeno el “síndrome del dhimmi”: la sumisa actitud que, ante el agresor, adoptaban los «tolerados» por los regímenes islámicos. El dhimmi oprimido o violentado se limitaba a pedir disculpas a su victimario, o a hacerle obsequios.

Precisamente, este hábito de mansedumbre judía se cruzó en Australia con la puerca tradición mencionada al comienzo. Aunque los dirigentes judeoaustralianos protestaron ante el Ministro Stephen Conroy debido a la violación por parte de Jabbour del Acta de Discriminación Racial, uno de ellos, Peter Wertheim, se apresuró a señalar que cuando trabajó con Jabbour éste «hizo grandes esfuerzos para ser amistoso, e incluso sugirió que hay muchas otras áreas en las que podrían cooperar» (acaso Jabbour habrá explicitado aquellas áreas en las que los descendientes de monos son útiles).

Otros ejemplos

Tan mansas como ésas fueron las reacciones frente al diálogo interreligioso que patrocinara en Madrid Arabia Saudí (17 de julio de 2008). Este país, que prohíbe absolutamente toda expresión religiosa no-islámica, pésimo candidato puede ser para liderar un diálogo de mutuo respeto. Sin embargo, ello no obstó para que cristianos y judíos participaran del acto sin protestar.

Con todo, lo más grave no fue que no se denunciara la brutalidad saudí en materia religiosa, ni el boicot antiisraelí que impidiera que se invitara a dignatarios israelíes a asistir al evento, sino el hecho de que hubo quienes se dedicaron a difundir y celebrar la iniciativa saudí, publicando sus fotos con el rey judeófobo e islamista, o proclamando que el autócrata es un heraldo del diálogo.

Así, el rabino Michael Lerner sostuvo que «para aquellos de nosotros que desesperamos porque el cristianismo y el judaísmo pierden su camino… la noción de que el Islam pueda ser la chispa que genere un nuevo renacer religioso basado en el respeto recíproco… puede ampliar nuestro entendimiento del inacabable potencial divino para sorprendernos».

Si no es para soslayar la índole del agresor o minimizar sus más virulentos ataques, la mansedumbre actúa para rendir una pleitesía que nos autojustifique. Un excelente ejemplo de ésta puede verse en una tumba del aristocrático cementerio de La Recoleta en Buenos Aires: la de Ramón Falcón, el jefe de policía asesinado en esa ciudad el 14 de noviembre de 1909. Ocurre que el asesino de Falcón (y de su ayudante Alberto Lartigau) fue un joven de 17 años, de origen judío y militancia anarquista, que cometió el atentado el mismo año en que inmigró a Argentina desde la Rusia zarista.

La comunidad israelita argentina, alarmada por la posibilidad de que la judeidad del asesino generara una persecución judeofóbica, decidió dedicar un monumento (el único con caracteres hebreos en dicho cementerio) en el que se honra la memoria del jefe policial «mártir del deber… un noble y grande que ha caído en este día», y la de su joven asistente con una bíblica endecha sobre el príncipe Jonatan. La prevención y el miedo de la comunidad hebrea no pudieron evitar que, al poco tiempo, se produjera el primer pogromo en Argentina.

Cabe traer un ejemplo adicional, esta vez español. Martín Varsavsky, escribe una justa y tardía reacción contra la judeofobia del diario El País. En su texto, el autor necesita asegurarse el permiso de criticar por medio de impecables credenciales contra Israel: que criticó al país hebreo, donó fondos para la reconstrucción de El Líbano, y financia la publicación de escritos antiisraelíes de palestinos e iraníes. Como si los medios no estuvieran superpoblados de antiisraelismo y no hiciera falta, precisamente, que se estimulen las páginas que muestren «la voz judía», como intenta hacer esta columna.

La lógica de Varsavsky es típica: «A veces son los israelíes los que cometen atrocidades y otras los palestinos». Aunque no podría dar un solo ejemplo de «atrocidades israelíes» –que son un mito manipulado frecuentemente por los medios– lo más notable es que admite que para él «el conflicto entre israelíes y palestinos no tiene buenos y malos, sino malos y malos».

Ahora bien: o esa frase tiene aplicabilidad para todos los conflictos del mundo (y en ese caso es una redundante perogrullada) o es específica del conflicto en Oriente Medio, y en este caso es falsa. Porque las guerras en general no se producen «entre buenos y malos» sino entre agresores y agredidos. Y el agredido de esta región es uno solo: el único candidato a ser borrado del mapa, el no reconocido, demonizado y deslegitimado con la aquiescencia europea.

El odio es odio. Tal vez no se apague enfrentándolo, pero decididamente no se aplacará legitimándolo

Fuente El Catoblepas

Documentos de Gustavo Perednik en kolisraelorg.net

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